Están siendo días extraños, llenos de emociones, de situaciones difíciles, ante un panorama que nunca hemos vivido antes.
El miedo, la incertidumbre, la ansiedad (igual de invisible, creadora de síntomas, de pensamientos, de angustias), la soledad de muchas, la precariedad de tantas, el riesgo de infinidad de personas trabajadoras que tienen que hacer frente a sus empleos para mantener cierto ritmo en los abastecimientos, limpieza, tiendas, repartos, hospitales, farmacias,…. (y otras simplemente para seguir enriqueciendo a sus empresas, y no empobrecerse ellas, sin prestar servicios esenciales).
Dentro de todo, aparecen momentos preciosos, que emocionan con lágrimas. Los aplausos de apoyo, que salen claramente de los corazones de tanta gente; los gestos de apoyo mutuo y solidaridad entre vecinas y vecinos que empatizan con las realidades de las más vulnerables; la música en las redes para acompañar; … y una clara evidencia de que somos seres sociales, nos necesitamos, nos apoyamos, nos tocamos, echamos de menos los abrazos, los besos, el contacto.

Es la doble cara también de un mundo globalizado. Donde por un lado no se puede parar una pandemia porque está todo conectado. Y por otro, en una pandemia que no se puede parar, podemos seguir conectadas.
También está siendo una clara evidencia de que este sistema se fractura, porque hace tiempo que nos venimos percatando de que no es el adecuado. Un sistema sostenido en una única economía, a costa de lo que sea, ahora se queda desnudo y deja ver muy claro que quien realmente sostiene esta vida es la propia vida. Las personas, los ecosistemas, todos los seres vivos y las estructuras sociales. Un sistema que arrasa con la vida en todas sus formas y con su diversidad, que se concentra en lo urbano, que inculca el individualismo por encima de lo colectivo, que promueve lo privado por encima de lo público, para así generar dinero, merece por lo menos un cuestionamiento del mismo.
Estos días abrían tiendas de alimentación, farmacias, hospitales…y la bolsa de «valores».

En Danos Tiempo también nos vemos afectadas por todo esto. No sólo por la falta de ingresos para poder pagar el alquiler, los gastos, el medio salario, y los préstamos a familiares, sino porque el movimiento de más de 170 personas cada semana entre clases, cafetería, coworking, eventos, grupo de consumo,… hace que pongamos mucho más en valor espacios que se convierten en puntos de encuentro de la gente y que nos aportan también identidad. Así se construye otra realidad diferente, reflexiva, inclusiva, cuidadora.
Estos días estamos viviendo gestos muy bonitos por parte de las personas que suelen venir a actividades y por parte de las profes. Hemos conseguido organizar la continuidad de las clases por vía telemática, con una respuesta emocionante a nuestro modo de ver por parte de todas ellas. Todas a una ante esto. Para así seguir teniendo un ritmo, una rutina, un ejercicio mental o físico, una cercanía, algo en común. Y poder pagar a estas personas que imparten actividad, y poder afrontar parte de los gastos desde Danos Tiempo. Es precioso, y en estos momentos más que nunca, os lo queremos agradecer
(Gracias Eva R, Eva C, Marta, Hugo, Obairo, Rocío, Montse y todas por el esfuerzo).

Mantenemos con mucha precaución el grupo de consumo que nos da alimentos y así quien cuida de la tierra puede seguir con sus proyectos.

Ánimo ante esto, aquí estamos si necesitáis algo. La situación nos ha encontrado a Javi en Madrid y a Olga en Coruña por asuntos de cuidados. Pero aquí estamos cada una de nosotras, y del resto de gente que formamos Danos Tiempo.

Mucha fuerza a quien está de duelo, a quien le toca estar en primera línea, trabajadoras de hospitales (toda su estructura imprescindible, limpieza, celadoras, medicina, enfermería, auxiliares, mantenimiento, etc etc etc), de tiendas de alimentación, de reparto… y ante las injusticias que se están cometiendo en este sistema sin sentido (despidos, falta de teletrabajo, cobros de alquileres en viviendas sin ingresos, …), esperamos que se aplique el #plandechoquesocial.

Ánimo, pensemos que entre todas formamos las fortalezas de esta sociedad. Así que las que podamos, nos seguiremos quedando en casa para que el colapso en los hospitales sea más progresivo y podamos cuidar de las personas más vulnerables. Escucharemos en el silencio, seguro que hay mucho que aprender.